En ocasiones una generación espera una obra que la represente, pero eso no ocurre, y en muy contadas ocasiones, el Werther de Goethe, Los Karamazov de Dostoievski y El cazador oculto de Salinger, la Historia se confabula para regalarnos una flor en el desierto.
El protagonista de la novela, Holden Caufield (en rigor, J D Salinger) es un adolescente que ha sido expulsado del colegio y vaga por Nueva York pues no quiere afrontar a sus padres. Acude a un bar, pero las mujeres con que habla le parecen insípidas. En su hotel, el ascensorista le dice que por cinco dólares puede conseguir una prostituta. Acude la prostituta. Holden se da cuenta que ese tipo de operaciones no es lo suyo, pero igual pretende pagar. La prostituta le dice que son diez dólares. Se niega. Viene el ascensorista. Le parte la cara al adolescente que poco a poco empieza a ponderar las reglas del mundo, y la prostituta se lleva los diez dólares.
A Holden le gusta una botija. La cita y le propone una locura que se le ha ocurrido a todo genio en su fase adolescente: irse a vivir a una cabaña en el bosque. La botija, práctica como toda botija, le contesta que es un delirio. Holden se enfurece y le dice esas cosas terribles de las que no hay retorno.
No importa la edad del lector, siempre, pero siempre, leerá con interés toda historia bien escrita donde el adolescente sea el protagonista, pues todos sabemos que esa fue la edad del descubrimiento del amor y de los primeros sueños. Lo que define a una persona es si si le da el mismo lugar al amor que le dio en la adolescencia, y si, a pesar de que los sueños se hicieron pedazos contra la realidad, si aún los atesora.
En cuanto a J D Salinger, no gustaba de entrevistas, ni de notas biográficas aparejadas a libros, ni de fotografías inútiles ni de nada de los criterios antiestéticos que siguen las transnacionales de la cultura, lo que ya lo sitúa en la categoría de crack, y además, es un crack por haber escrito esta novela que recordarás para siempre.









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